Por favor, rebobinar

jueves, 6 de diciembre de 2007

Se me ocurre que no todo fue tan feliz como yo he tendido a pensar que fue. Todos hemos querido creer que fue el mejor de los tiempos pero sólo fue eso: tiempo, algo más que la suma de los años, un inmenso vacío de recuerdos y deberes y traumas y silencios que nos han hecho ser lo que somos, no lo que hemos querido ser. Ese tiempo, nuestra época, está llegando a su fin.

Macondo y Latinoamérica

sábado, 10 de noviembre de 2007

Que una obra literaria como Cien años de soledad sea posible encasillarla dentro del realismo mágico no significa que carezca de un significado, que no trascienda de lo inverosímil a una realidad alejada de la ficción y representativa de procesos históricos y sociales de nuestro continente. Por lo demás, en la novela se expone de forma límpida la metáfora de lo americano, de su proceso de conquista tecnológica que ha subyugado a todo un pueblo, y en definitiva, ha ido desgastando e irrumpiendo en una identidad que va poco a poco sufriendo una metamorfosis que la va destruyendo a sí misma.

Desde comienzos del desenvolvimiento de los personajes dentro de la obra es posible apreciar en ellos características propias de los habitantes de esta región del mundo, características del humano resultado de la intervención de los colonizadores españoles en América, que ejercieron dominio sobre los nativos y que finalmente dieron paso a un pueblo llano, hombre común, cargado de supersticiones y anhelos, de inocencia, sueños y soledad: un José Arcadio que intenta escapar de una realidad que lo somete y avergüenza y una Úrsula que defiende su castidad por miedo al castigo de un mito popular.

Se funda Macondo bajo la esperanza de la tranquilidad y paz dentro de una tierra no prometida pero que anhela ser el nido donde se refugiarán los problemas de los que sus habitantes escapan. Pero esa tranquilidad comienza a ser coartada con la llegada de los gitanos, y la erupción que esto comienza a provocar pasa desapercibida, y no es posible captar para sus protagonistas, maravillados por el descubrimiento de lo desconocido, el momento en que la brecha que los aferraba a su pueblo comienza a expandirse. Los gitanos representan el inicio de la invasión tecnológica, el inicio del dominio y la locura del pueblo americano por el desarrollo global, buscando la imitación y la fascinación por los descubrimientos e inventos, y en general, una admiración hacia lo extranjero, por considerarlo avanzado y superior. Este proceso se ve potenciado aún más con la llegada de Apolinar Moscote, la llegada de la imposición de un gobierno dentro del pueblo, el lazo que anexa Macondo con el resto del país; un gobierno conservador que termina por unir Macondo a sus dominios, el pueblo soñador, el pueblo de la esperanza, el pueblo en paz, pasa a ser una parte más del estado moderno. Es menor la cantidad de personas que se dan cuenta de la situación y que comienza a manifestar su descontento, entre ellos, el coronel Aureliano Buendía, que encabeza el poder del liberalismo que se intenta desprender del régimen conservador que los somete, dando inicio a innumerables guerras civiles, foco que coincide en gran medida con los inicios de una lucha política-social del descontento americano.

Llega poderosamente la revolución industrial, llega el cine, llega la compañía bananera, se forman las primeras empresas privadas de trabajo capitalista dentro de Macondo, la dependencia económica entre el gringo productor y el obrero; Estados Unidos comienza a posesionarse de la gran economía en toda América, llevando consigo la mentira de las buenas intenciones para tomar el control económico, y finalmente el control de las condiciones de vida de los americanos que ciegamente confían su desarrollo intelectual y social en los sujetos que visten bien, hablan otro idioma, son los pioneros en tecnología y que persuaden con su formalidad. Este nuevo sistema económico que rige Macondo es el causante de la diferenciación social, cuyas consecuencias se ven reflejadas a lo largo de todo el siglo XX en nuestro continente. El enriquecimiento de unos pocos, los que están a la cabeza, la burguesía, y el empobrecimiento de un estado llano, que por sus condiciones socioculturales se ve impedido de ser algo más que un simple obrero que trabajará y luchará por sobrevivir y sostener de un modo precario el escenario de su núcleo familiar. Es aquí donde aparecen los dirigentes sindicales como José Arcadio Segundo que comienzan a manifestar el descontento hacia los dominantes, uniendo a toda una clase en la lucha social; la misma lucha que actúa como motor impulsante de las revoluciones que se llevan a cabo en América principalmente en la primera mitad de siglo, condicionado con el reflejo de la persecución hacia los revolucionarios ( no lejano a la realidad hispanoamericana del siglo pasado, como así sucede con importantes personajes que conocieron la muerte por llevar consigo ideales revolucionarios: claro ejemplo, Ernesto Guevara y aún más cercano, en Chile, la matanza de Santa María en Iquique ), como lo fue en Macondo la muerte a los Aurelianos para eliminar vestigios de la revolución liberal, y como más tarde sucede con la muerte a los tres mil trabajadores que se sublevan en una lucha de clases ante la compañía bananera, viviendo una verdadera dictadura que elimina de raíz el influjo del pensamiento detractor que pueda atentar contra el quietismo y contento de una clase sin mayores preocupaciones y que domina en el circuito social.

Más allá de una representación de los conflictos políticos y sociales de Latinoamérica, Cien años de soledad es un manifiesto del hombre americano como tal, de sus pasiones y virtudes, de sus defectos y ambiciones. Gabriel García Márquez plasma el comportamiento del sentimiento latino, de la pasión latina, del amante enardecido, del latino apasionado que contribuye a dar vida no sólo a la metáfora de la historia humana y social de un continente, sino que, sin duda, quisiéralo o no, da vida a uno de los cantos enciclopédicos que relatan lo que es realmente América.

Por Guillermo Acuña G.

Risas temporales

martes, 11 de septiembre de 2007


Los niños seguían bailando Reggaetón en el pasaje. Me intenté desprender de mis temores y te busqué donde me imaginaba que podrías estar: aquella banca gris inmersa en la soledad de la plaza, nuestra banca gris,en donde nuestros labios se convirtieron en humo por primera vez. En vano busqué tu sombra, en vano miré a ambos lados, en vano te busqué...Los niños jugaban y reían.

Placer & Sentido

jueves, 6 de septiembre de 2007


Mis impulsos, mis impulsos...siempre me llevan a ser un asesino intelectual, un destructor de memorias e ideales, me conducen a detonar lo sofocante. De mis impulsos derivan arrepentimientos, razón...El deseo, la rabia, la euforia, los instintos...son superiores a una conciencia estática idealista. Voluntad de placer no es sólo volcar tus instintos carnales....es ser vencido por los impulsos que nos agobian, y en un instante, ciegamente, destruir para siempre lo que choca contra nuestro estado: liberar nuestras restricciones morales para sentirnos plenos momentáneamente, para ser opacada posteriormente por la racionalidad de lo no absurdo. El sentimiento de culpa no es sólo una condición moral, es el miedo a la pérdida de conciencia en el actuar, subyugada a un impulso-irracional-incontrolable.

El partido

miércoles, 29 de agosto de 2007


Llegué tarde. El Flaco y El Pelao ya se tomaban la primera cerveza de la tarde. - Me atrasé un poco, ¿cómo estuvo el partido?- pregunté mientras me sacaba el gorro.

El poder, el individuo y la sociedad ( fragmento)

domingo, 12 de agosto de 2007



El ser humano es un ser finito, restringido como resultado de condiciones biológicas, psicológicas, sociológicas o hereditarias. Este condicionamiento hace de él una máquina, un robot que actúa bajo parámetros impuestos, un androide al que se la ha absorbido su libertad. Sin embargo, el ser humano tiene la posibilidad de alejarse del marcaje de “máquina social”, el sujeto tiene la capacidad libertaria de tomar una postura para alzarse, él es quien determina si será parte de los entes sociales maquinizados o hará frente a ellos desde su propio sitio siguiendo sus ideales, es decir, el hombre es capaz de determinarse a así mismo. La personalidad individual es impredecible, su base es el condicionamiento, pero el hombre tiene la capacidad de trascender.”¡Cómo predecir la conducta del hombre! Se pueden predecir los movimientos de una máquina, de un autómata: más aún, se puede incluso intentar predecir los mecanismos o las dinámicas de la psique humana: pero el hombre es algo más que psique”.

Por Guillermo Acuña.

Una identidad que abre las puertas de la sociedad.

miércoles, 18 de julio de 2007


Recogió nuevamente los interminables papeles y avanzó. Se detuvo frente el quiosco de periódicos y sacó dificultosamente una moneda de su bolsillo para conseguir el último chocolate del mostrador. Sus pasos jóvenes, lentos y cansados no despertaban mayor asombro entre una multitud habitual que pasaba aglomerada, con cara de pobres infelices, secuelas de frustración inexpugnable. O al menos eso creía él. Sus ojos lánguidos no distinguían formas ni colores, por lo que era incapaz de darse cuenta que los rostros de odio lo observaban de reojo y su semblante se tornaba compasivo por aquel muchacho que cargaba tan pesada insignia. Los más recatados lo admiraban perplejos, intentando conservar las facciones del quien seguramente sería un personaje ilustre del mañana. Incluso los más impertérritos sumían su odio indiferente en una envidia resentida hacia la pequeña máquina condicionada que con cada paso escalaba sobre el precipicio en el que medianos y bajos atisbaban un evidente desequilibrio que los haría caer.

Repasaba con la mente la planificación de los quehaceres, presintiendo que debería anteceder un par de horas a sus planes, ya que la extenuación no disminuía. El bus al que acababa de ascender estaba colmado como era frecuente, los pasajeros con disimulo llevaban a cabo sus impresiones reiteradas sobre el chico. Una mujer de unos treinta años fingió dormir, mientras el anciano que estaba a su lado se levantó a penas, apoyado en su bastón.

- siéntate muchacho, pareces abatido.